La selección masculina sub21 se prepara para los Juegos Centroamericanos y del Caribe en calidad de anfitrión. Nuestro país participó en la edición anterior en 2023, pero no logró pasar de la fase de grupos luego de perder ante México y empatar frente a El Salvador. Los quisqueyanos han participado en siete ediciones de los juegos, y cinco de ellas fueron entre 1970 y 1990, donde estuvo el pico del fútbol amateur local y fuimos dos veces anfitriones del evento.
Se llega a esta cita tratando de remontar el vuelo, ya que las categorías inferiores llevan varios años de capa caída, siendo eliminados en la fase de grupo del Campeonato Sub20 de Concacaf 2024 con 0 puntos logrados, y quedando fuera en la fase preliminar del Campeonato Sub20 de Concacaf 2026 luego de caer ante Antigua y Barbuda. Es más, luego de aquella medalla de plata en el Sub20 de 2022 la selección perdió 17 juegos en línea. Es probable que esta situación haya motivado a Marcelo Neveleff a tomar el timón de la selección para esta competencia. Pero eso lo coloca en una posición vulnerable ya que de no ganar sus credenciales como seleccionador nacional podrían verse afectadas.

La convocatoria hecha por el argentino se nutre en dos terceras partes de jugadores que se formaron fuera del país. Repiten de los Sub 20 de la ronda preliminar de febrero de este año solo dos jugadores, Juan Carlos Abreu y Cristian Ciccone. Por otro lado, de la selección Sub20 de 2024 vuelven ocho; Lucas Bretón, Israel Boatwright, Cristian Ortíz, Edwin Frías, Yordy Álvarez, Javier Roces, Nicolas Cruz, y Aidan Russell. Si es por cohesión de grupo hay muchos jugadores que ya se conocen bastante, y existe cierta continuidad en el proceso. La alta presencia de jugadores legionarios, juega como una ventaja ya que no es común en las selecciones de esta competencia tener ese nivel de jugadores formados fuera.

Los quisqueyanos enfrentarán a Guatemala el 30 de julio en Santiago, a México el 1 de agosto en Moca , y a Venezuela el 3 de agosto en La Vega. Se espera que por la zona del país donde se juega, la selección tenga un gran apoyo del público, algo que podría impactar de forma positiva en los chicos. Debido a que clasifica como segundo de grupo, una victoria ante Guatemala en el primer partido debe ser obligatoria si se quiere aspirar a pasar de ronda.
Esta competencia representa tres cosas, una oportunidad de reivindicación de un grupo que ha quedado a deber en las últimas competencias, una apuesta arriesgada para el seleccionador nacional que se juega parte de su prestigio, y lo más importante una ventana al futuro del fútbol dominicano ya que se espera que dentro de 5 años muchos de estos jugadores se sumen a la selección mayor.
Siendo objetivo las posibilidades de medallas son remotas ya que estamos enfrentando a la élite de la región en un momento donde estamos a la baja, y con poca preparación previa. Sería un milagro entrar en el podia pero ya hemos visto milagros hechos por una selección dominicana, así que no cuesta nada soñar.





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